La llegada de Marcelo al Mundo

Mi primer hijo nació por cesárea, una cesárea no planificada ni deseada, por en un mal manejo médico basado en infundir miedo y desinformación. Aún así el niño nació muy bien, yo tuve una gran recuperación y nunca volví a ver a la doctora que me atendió. Dentro de mí, por mucho tiempo existió la duda y el conflicto de qué hubiera pasado si no me dejaba convencer de que la cesárea era la única opción en ese momento, si esa decisión iba a marcar mi futura vida familiar y si alguna vez podría tener la oportunidad de vivir un parto natural, ni idea tenía del parto humanizado.

Para mi segundo embarazo decidí buscar a alguien que apoyara el parto vaginal después de cesárea, ya que la mayoría de los médicos por prevención lo evitan, así como que el hospital y el equipo tuvieran prácticas humanizadas, y en este caso que el dinero no fuera un factor, afortunadamente este equipo aparte de todas sus ventajas en trato y filosofías también son muy conscientes en eso.
Desde el principio el Doctor fue muy claro de que mi caso corría riesgo mínimo y que tenía las mismas oportunidades que cualquier mujer de tener un parto en agua, cosa que alegro mi corazón y mi alma.

Conforme llegaba el tercer trimestre y todo se iba haciendo más inminente, el fantasma de terminar en cesárea nuevamente empezó a rondar por mi cabeza, sobre todo porque pasamos la semana 37, 38, 39, 40!!!

El Dr. me decía en cada cita, vamos viendo que pasa de aquí a la siguiente revisión, vamos platicando tus opciones y si ustedes quieren esperar yo espero también. Vamos dándole tiempo a tu cuerpo a que haga su trabajo.

Empecé trabajo de parto en primera fase el domingo en la madrugada y al ser primeriza en este proceso de inmediato lo compartí con mis amigos, pero todo se fue desenvolviendo muy lentamente, el día transcurrió en relativa calma, hasta la madrugada del lunes empezaron nuevamente contracciones, y el día continuó otra vez en calma. La impaciencia empezó a reinar en familia y conocidos,inclusive un poco en mi esposo pues no fue a trabajar pensando que en cualquier momento iríamos al hospital.


Llegó la madrugada del martes y nuevamente empiezan las contracciones, el problema era que no eran tan intensas ni tan cercanas para pasar a la fase activa y el cansancio llenaba mi cuerpo, tanto que pensé que si pasaba un día más así la que pediría epidural o cesárea sería yo, porque ya no contaba con tranquilidad.

La última revisión fue el martes en la noche y el Dr. nos dijo, que descansara y me relajara, que era muy importante estar completa en la siguiente etapa y que pues todavía seguíamos en fase latente, me reí porque en el consultorio inclusive desde que salimos de casa para verlo estaba muy tranquila, pero media hora antes y todo el tiempo en casa yo no encontraba mi lugar, me sentía muy incómoda y el dolor empezaba a no ser manejable. El acostarme en la cama era algo insoportable, insufrible, impensable, tuve tiempo de pensar como tantas mujeres han pasado por un parto tumbadas en una camilla si es la posición más inhumana que existe en este momento, con razón hay tantas generaciones que piensan que el parto es doloroso y que una cesárea te evita eso. Aún así regresamos a casa, descanse unas horas y entonces si, empezó la etapa más importante hasta el momento en mi vida. Nayeli, mi doula me dijo que era momento de echar mano de todos los recursos para manejar el dolor y que íbamos por buen camino, que mi cuerpo respondía bien estando en un ambiente conocido y confiable (casa) una reacción muy de mamíferos, que por eso al salir a la calle las contracciones se detenían.

Llegamos al hospital a las 3:30, alrededor de las 4 ya estando en el cuarto me revisó el Dr. yo esperaba que me dijera tienes 2 cm. de dilatación y eso para mí era ya un logro, porque representaba un avance en el proceso y porque aunque tenía idea de lo que teníamos que pasar, solo llevaba un par de horas con contracciones de 5 minutos de distancia. La sorpresa fue que ya tenía 7 cm. de dilatación!!! en qué momento sucedió!!! ya íbamos muy avanzados, me dijeron que la parte difícil ya la habíamos pasado. Un par de horas más en el cuarto, mis contracciones nunca se juntaron mas, inclusive sentí que en un descanso sentada en un sillón me llegué a dormir por horas, quizá solo fueron algunos minutos, pero sirvió para retomar fuerzas. Ya tenía presente la sensación de pujar cosa que me desconcertó mucho, y Nayeli y el Dr. me dijeron, nadie te puede enseñar como continuar o que hacer en este momento, solo siente lo que te pide tu cuerpo y deja fluir las sensaciones.

A las 7 de la mañana bajamos a la tina, para mí fue casi inmediatamente después cuando el hermoso Marcelo nació. El proceso en agua si bien es relajante, fue mucho más corto de lo que me habían platicado y al final es una experiencia muy diferente a la imaginada, es estar en calma, en comodidad, en confianza con tu pareja. Es ver el nacimiento de tu bebe e inmediatamente tenerlo cerca, verlo y sentirlo, olerlo y abrazarlo, los tres. Es hablar con él y hacerle sentir tu calidez y amor que has estado guardando por 9 meses hasta el momento de su llegada.

Me preguntaron después si había sido doloroso… La verdad es que en todo este trance jamás me acorde de pedir una epidural o algún tipo de ayuda para el dolor, para mí sí fue amnésico, ya que me costaba recordar o identificar que me dolía. En el transcurso de la fase latente le llegue a comentar a mi esposo, que era como un cólico que va subiendo de intensidad y que dura unos segundos, que 9 meses sin cólicos, más unos tantos después del parto a cambio de unos cuantos segundos cada tantos minutos no era un mal intercambio, aun así quizá porque siempre estuve consciente de que era un proceso doloroso, pero que tendría fin o porque al calificar la contracción siempre pensaba que las venideras iban a doler mas y las ponía como nivel bajo o intermedio, eso me ayudó a pasar lo que estaba sucediendo. Aparte de usar la pelota de yoga y una ducha caliente, cantar durante las contracciones funcionó muy bien, hasta mi mente ya no daba para buscar una canción nueva.

YYa habiendo tenido las dos experiencias, definitivo es que al primer hijo la vida me lo regaló, pero al segundo me lo gané con todo el sudor de mi frente, cosa que me hace quererlos a ambos más y cada quien a su especial manera, ambos me han demostrado que ser mujer tiene lados de fortaleza y sensibilidad y con el apoyo adecuado es increíble vivirlo.

Para finalizar una amiga me llamó a la semana para ver como estábamos y felicitarme por el nuevo bebé, y me decía que era una bendición haber tenido un parto tan lindo y que como le había hecho, en realidad la bendición fue haber encontrado alguien que nos apoyara y confiara en que el cuerpo es sabio y que tiene sus tiempos, que no hay que presionarse ni apresurarse, alguien que respetara mis decisiones y buscara ante todo el bienestar de mamá y bebe juntos.
Una bendición haber pasado esta experiencia con ustedes muchas gracias infinitas a el Dr. Roberto, Giovanna, y Nayeli y sobre todo a Fernando mi esposo que desde el día cero hasta el momento es mi apoyo y confianza paso a paso.

Lizette Pineda.

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